Reinventando la rueda del diseño, columna editorial de Alejandra Luzardo, Especialista Senior del BID

El diseño en 2016 es muy diferente a lo que era en 1916. Se trabaja en otra sintonía. Si bien es verdad que algunos de los mejores inventos han  sido  tan  solo  modificaciones  hechas  sobre  productos  existentes, hoy  en  día  el  diseño  es  uno  de  los  ejes  fundamentales  para  la resolución de importantes temas globales.

Muchos proyectos, como los estadios con energía solar en Brasil, o las unidades  modulares  diseñadas  por  Modularflex  en Argentina  —que  se pueden levantar en cualquier lugar, incluyendo zonas de desastre— nos sirven como ejemplos que demuestran que, hoy en día, lo que guía al diseño es la experiencia del usuario.

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Los  diseñadores  de  2016  han  logrado  multiplicar  los  niveles  de innovación, desafiando a fondo el concepto tradicional de las empresas de  diseño. Podemos  tomar  a  Los Ángeles  y  Orange  County  como  un subgrupo  de  la  industria  creativa  norteamericana  —en  la  que  se encuentran Hollywood, los medios y el entretenimiento—, posiblemente considerándolo  como  el  foco  del  diseño de  los  Estados  Unidos.  En 2014, estas firmas generaron la asombrosa suma de $860.600 millones de dólares para la economía de la región, una cifra impresionante que representa  casi  un  13%  de  la  producción  económica  total.  Podemos señalar, además, que no parece ser casual que los fundadores de estas industrias creativas hayan tenido un tipo de educación diferente a la de las escuelas tradicionales de diseño de antaño.

En  este  siglo,  los  principios  del  diseño  han  evolucionado,  y  han cambiado drásticamente las metodologías de Investigación y Desarrollo. Un excelente ejemplo es la empresa brasileña Braskem. La  compañía ha  implementado  un  cambio  de  diseño  de  gran  poder  ambiental, generando  plástico  a  partir  de  caña  de  azúcar,  en  lugar  de  utilizar petróleo. Esta innovación permite utilizar recursos nacionales, al mismo tiempo  que  reduce  las  emisiones  de  dióxido  de  carbono.  En  Chile, mientras tanto, la empresa de diseño arquitectónico Elemental resolvió dos problemas en uno después del tsunami de 2010. En primer lugar, se crearon  viviendas  para  colegas  de  bajos  recursos  afectados  por  el desastre  natural.  Estas  viviendas  eran  económicas,  pero  también estéticamente  agradables.  Más  allá  de  este  logro  en  infraestructura, desde  la  compañía  dieron  un  paso  adicional,  al  plantar  un  bosque  en torno a la ciudad chilena de Constitución, demostrando conciencia por el impacto futuro.

Si bien se trata de proyectos tan diferentes como una nueva manera de fabricar plástico y un plan de forestación, estas empresas tienen algo en común. Los innovadores se enfrentaron a un tema social o ambiental, al mismo  tiempo  que  tuvieron  en  cuenta  el  diseño;  y  tuvieron  la  utilidad como premisa. Además, tomaron en consideración el UX actual de un producto  o  una  situación  en  particular,  y  luego  desarrollaron  una solución  basada  en  el  usuario  final.  Un  diseño  puede  ser  el  más aerodinámico, costoso, o técnicamente avanzado, pero si no se alinea verdaderamente con las necesidades de los usuarios, resultará inútil.

Muchos  aficionados  al  cine  han  visto  recientemente  la  enérgica actuación  de  Jennifer  Lawrence  en  la  película “Joy.” El  filme  presenta excelentes lecciones sobre el lanzamiento de un producto, los desafíos de  fabricación,  y  lo  importante  que  es  el  usuario  en  el  desarrollo.  En esencia,  la  historia  cuenta  cómo  Joy  Mangano,  una  madre  soltera luchando  por  abrirse  camino,  crea  un  trapeador  que  se  escurre  a  sí mismo, pero debido a varios obstáculos pasa algún tiempo antes de que realmente  tenga  éxito.  En  la  película,  vemos  que  la  premisa  de  su diseño  es  realmente  genial,  pero  que  aún  así  hay  un  problema:  los diseños iniciales son demasiado complicados para ser utilizados por un usuario inexperto.

Una  vez  más,  cuando  un  concepto  nace,  la  UX  debe  ser  la  fuerza impulsora,  desde  el  comienzo  hasta  el  lanzamiento  del  producto.  Sin embargo, el dicho “si no está roto, no lo arregles”, no tiene porqué ser acatado por los grandes diseñadores. De hecho, aún en el mundo del software  y  la  tecnología,  los  diseñadores  e  ingenieros  no necesariamente  están  siempre  ofreciendo  a  sus  potenciales  clientes soluciones que ya están disponibles.

En  el  frente  tecnológico,  AirBnB no  es  dueño  de  propiedades  reales, pero  ofrece  una  plataforma  para  que  los  dueños  alquilen  en  todo  el mundo casas y departamentos que no están siendo ocupados… por la impresionante cifra de casi mil millones de dólares estadounidenses.

¿Es  necesario  un  último  pero  valioso  ejemplo  en  esta  línea  de pensamiento? ¡Tesla! Tesla ha tenido las mejores tasas de aceptación de  automóviles  eléctricos  en  los  últimos  años  por  encima  de  sus competidores, como Ford Motors y General Motors, que han estado en el negocio del diseño automotor desde hace bastante tiempo. ¿Cómo lo logró Elon Musk? Además de robarle en 2015 a Apple los diseñadores, permitió que el desarrollo fuera impulsado por la UX.

Desde  una  perspectiva  que regresa  a  los  principios  básicos,  la  piedra fundamental  de  cualquier  tecnología  o  producto  bien  diseñado  es demostrar  una  manera  más  eficiente,  más  moderna  y  menos complicada de lograr un objetivo.

Al final, el usuario —que es el Rey— debe poder ver el valor de manera clara y rápida. Por supuesto que la investigación y el desarrollo deben mejorar  la  funcionalidad,  la  eficiencia  y  la  durabilidad.  Pero  para  que “sigan encendidas las luces en la oficina del CEO”, la UX debe estar a la vanguardia de la innovación.

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Muchas  veces  se  pinta  al  público  como  si  éste  fuera  resistente  al cambio.  Pero  cuando  los  diseñadores  comienzan  trabajando  con  el usuario,  no  en  lugar  del  concepto,  pero  sí  a  la  par,  es  mucho  más probable lograr una adopción exitosa. Después de todo, es el usuario el que debe estar convencido de gastar el dinero que gana con el sudor de su frente; el que debe sentir que algo impacta en su experiencia… Y el que decide si algo tiene valor o no.

Alejandra Luzardo es una Especialista Senior del Banco Interamericano de Desarrollo – Líder Estratega en Productos de Innovación y Creatividad dentro y fuera de la organización. Maneja las relaciones de las mentes más creativas del mundo que conectan con el BID para encontrar soluciones a los desafíos de la región.

Con más de 20 años de experiencia en, Multimedia, Entretenimiento y Tecnología, Alejandra ha construido soluciones tecnologías en línea a través de una variedad de organizaciones internacionales. Es miembro fundador de Prodiseño, Escuela de Comunicación Visual y Diseño en Caracas, Venezuela y tiene una Maestría en Comunicación y Cine de American University

Acerca de 

Periodista especializado en Publicidad y Mercadotecnia, pionero en Medios Digitales y Director del concepto Multipress.com.mx

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