El día que se dejaron de aplicar vacunas

Dr. Rodrigo Romero Feregrino.

La vacunación es la mejor estrategia para prevenir enfermedades y evitar muertes. Si bien la mejor higiene, el lavado de las manos, el manejo correcto de los alimentos, el agua potable, el drenaje; entre otras medidas sanitarias, contribuyen a proteger a las personas contra enfermedades infecciosas; muchas infecciones se pueden propagar independientemente de la higiene que mantengamos. Si las personas no estuvieran vacunadas, algunas enfermedades que se han vuelto poco comunes, tales como la poliomielitis y el sarampión, reaparecerían rápidamente.

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Las enfermedades prevenibles con vacunas no han desaparecido. En México hay tasas muy bajas, pero esto no sucede en todas partes del mundo. Sólo una enfermedad -la viruela– ha sido totalmente borrada del planeta. Ya que, aunque la polio ya no existe en América, sigue siendo paralizante de niños en varios países africanos.  Las cifras lo confirman: más de 350,000 casos de sarampión se registraron en todo el mundo en 2011, con brotes en Asia, África y Europa.

Por ello, en un mundo en el que la mayoría de las personas carece de un acceso adecuado al cuidado de la salud, el ampliar el acceso a las vacunas constituye una estrategia de gran impacto para mejorar la salud y la calidad de vida de las personas. Sabemos que una enfermedad que esta aparentemente bajo control de pronto puede volver, lo hemos visto en países como Japón, Australia y Suecia. Por ejemplo Japón, en 1974 alrededor del 80% de los niños japoneses recibieron la vacuna contra la tos ferina, ese año hubo sólo 393 casos en todo el país, ni una sola muerte. Entonces, la población se confió y las tasas de inmunización comenzaron a caer, alrededor del 10% de los niños fueron vacunados. En 1979, más de 13,000 personas se enfermaron de tos ferina y 41 murieron, así se reanudó la vacunación de rutina, y el número de enfermedades se redujo de nuevo.

En México actualmente los índices de estas enfermedades son bajos, pero sí nos volvemos vulnerables por no vacunar, un caso podría desencadenar un brote de alguna enfermedad que se encuentra actualmente bajo control, puede llegar en cualquier momento. Las vacunas no son sólo para la protección de nosotros mismos, y no son de un solo día, también protegen a las personas que nos rodean, a quienes se les dificulta conseguir ciertas vacunas, a quienes fallaron en la aplicación de alguna vacuna, o aquellos que podrían ser susceptibles por otras razones. Desde hace años, los científicos han descubierto y desarrollado vacunas que hoy permiten prevenir enfermedades no sólo en niños, sino también en adolescentes y adultos. Las vacunas también protegen a los hijos de nuestros hijos y a sus hijos para evitar que las enfermedades que casi hemos derrotado puedan reaparecer.  Si consideramos 1796 como el inicio de la era vacunal, se ha desarrollado toda una disciplina científica que llevó a grandes avances tecnológicos, gracias a los cuales a la fecha nos ofrecen la posibilidad de lograr protección para 25 enfermedades infecciosas. Recordemos además de erradicar la viruela, con la vacunación se ha controlado: difteria, tétanos, fiebre amarilla, tos ferina, poliomielitis y sarampión.

Actualmente se desarrolla e investiga sobre vacunas para la prevención de diferentes enfermedades, enfermedades que son consideradas poco frecuentes, como el sarampión o las paperas, así como otras que hasta hace poco eran consideradas no prevenibles mediante vacunas como el herpes zóster y el cáncer cervico-uterino, es inminente que en el futuro tengamos nuevas vacunas contra enfermedades que actualmente no podemos prevenir como dengue, tuberculosis, malaria, ébola, VIH y otros.

En estos 219 años de la utilización de las inmunizaciones donde diversos actores se han dedicadas a investigar, producir, distribuir y aplicar vacunas que ayudan a prevenir enfermedades, nos han dejado en claro que la vacunación es la única manera realmente efectiva de prevenir una enfermedad infecciosa, y que es una de las intervenciones de la ciencia médica más costo eficaces y de más éxito. Hoy existe un compromiso para incrementar el acceso a las vacunas a través de políticas de largo alcance, y de programas y alianzas que permitan reducir la brecha de accesibilidad y disponibilidad de vacunas en el mundo en desarrollo. Entonces, ¿qué pasaría si dejáramos de aplicar vacunas? La respuesta sería: muy pronto lucharíamos contra epidemias de enfermedades que creíamos estaban superadas desde hace décadas.

 

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